Desde un 11 de noviembre de un
lejano 2007 comencé a seguir a Jesucristo, aunque yo no sabía eso en los
primeros meses de mi camino; desde aquel año comencé a ser parte de la
fraternidad de Acólitos Franciscanos Capuchinos en la parroquia Madre de
Misericordia. El hecho de acompañar al sacerdote en las misas, poder tocar las
cosas sagradas, ver de tan cerca el misterio de la eucaristía me hizo
comprender que no era yo quien le hacía un favor Jesucristo, si no que él fue quien me hizo un
enorme favor, más que todo no fue favor sino un gesto de amor, al rescatarme de
un mundo desordenado en el que vivía a mis 11 años.
El contexto familiar en el que
vivía estaba plagado de borracheras de mi padre, violencia física contra mi
hermano y contra mí; mi madre no vivía con nosotros, ella trabajaba en Majes y
solo llegaba los fines de semana, a pesar de ello era una familia católica
íbamos los domingos a misa y siempre nos hacían rezar en las noches.
Es algo bizarro mi ambiente de
infancia; yo vivía muy preocupado y triste, sentía que estaba solo en este
mundo, para no sentir esa soledad, comencé a juntarme con amigos del barrio;
sin darnos cuenta comenzamos a ser una pandilla; molestábamos a los
transeúntes, nos metíamos en pleitos con pandillas con gente mayor; me di
cuenta que estaba haciendo mal cuando cierto día nos atrevimos a robar. El
sentimiento de soledad se asentó mucho más en mi al saber que estaba incorrecto
lo que hacía, un amigo de colegio me invitó a ser parte de los acólitos, con el
objetivo de viajar a Lima en vacaciones y tener una semana de diversión; yo quería llenar mi vacío y esa oportunidad
me pareció atrayente; sin saber que Dios me llamaba para hacer otro tipo de
viajes.
Con mí llegada a la parroquia
conocí a hermanos que se preocupaban por mí, aunque fue difícil alejarme de mi
grupo de barrio, lo hice con el tiempo; antes de llegar a los acólitos no
tenían verdaderos amigos que estén en las buenas y en las malas, y en la
fraternidad encontré a hermanos, ya no tenía ese sentimiento de soledad, sabía
que podía contar con ellos; pero sobre todo conocí al amigo fiel, él nunca me
ha fallado y supongo que no me fallará; se llama Jesús.
Llevo 8 años en la parroquia, en
el 2012 me tocó dar un paso al costado de los acólitos y ser miembro de la
fraternidad de heraldos de San Francisco, mi comunidad actual, como parte de mi
camino de crecimiento en el camino franciscano laical; en esta fraternidad
consolidé todo lo que aprendí en los acólitos y doy mi servicio sábado a sábado
en la catequesis de confirmación, mi motivación paras seguir en la senda el
Señor es simple; antes de conocer a Dios, yo sobrevivía, pero cuando lo conocí
y le permití entrar en mi vida, eso fue lo que me dio: vida, comencé a vivir;
la frase que marca mi corazón es “hacer todas las cosas para mayor gloria de
Dios”, en cada acto, en cada cosa que hago, en la universidad, en mi casa, con
los amigos, intento dar gloria de la obra que hizo Dios conmigo, no me imagino
donde hubiera acabado si no me hubiera llamado a los acólitos, seguro metido en
drogas o en delincuencia.
Hector Barriga Neira
AREQUIPA- PERÚ

• Buen blog =) •
ResponderEliminarEl rumbo de nuestra vida sí puede cambiar C:
ResponderEliminarel nunca nos fallara
ResponderEliminarsolo confía en el
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